1. Decisiones frente al espejo.
“¿Qué me pongo?”, le preguntas a tus inertes perchas, que se mecen mirándote con desasosiego. Estarás horas pensando si esa falda te hace parecer una pequeña putita (si la respuesta es sí, en mi caso, esa es la elección) y luego te empeñarás en elegir un conjunto de ropa interior sexy “por si la cosa va a más”. Me temo que tan solo en un 3% de los casos logras quedarte con el conjunto puesto durante un rato, porque amiga: en el momento en el que se va la camiseta, tu sujetador seguirá la estela y terminará en el suelo. Adiós conjunto, hola bragas rosas sin sentido. Asúmelo: no vas a hacer un desfile de Victoria´Secret, así que simplemente asegúrate de que las prendas no tengan agujeros (a no ser que se trate de un elegante agujero que facilite la penetración).
Se puede ser sexy con ropa interior que no conjunte, fuck yeah
¡Elegantísima elección, querida!
2. ¿Cómo le saludo?
Este es el mayor temor si te encuentras en la cita post día beso/polvo. ¿Se saluda con un pico (“¿Se va a agobiar al pensar que somos novios?”), con dos besos (“¿Le estoy mandando la errónea señal de que solo somos amigos?”), moviendo la cabeza (“¿Soy Pitbull?”) o sacando una paloma del escote?
Como habréis adivinado, mi preferida es la última opción, pero yo abogo por dejar que sea el macho el que lleve la iniciativa. Acusadme de medieval, pero no hay nada peor que lanzarte a dar un pico y que te pongan la mejilla. Si te hacen “la culebra del saludo”, has arruinado tu cita a los dos segundos de empezarla. ¡Enhorabuena!
Cuidado con los picos: si te gustan los hombres tan esmirriados como a mí, es posible que su idea de pico implique jeringuillas
3. Momento cena
Ojalá fuéramos perros pulgosos a los que les da igual compartir un espaguetti de la boca, pero no: nuestra condición de humanos nos hace pedir cada uno su platito y rezar para que las clases de protocolo y mecenazgo den sus frutos (esas clases se limitan a haber visto en el Hola alguna vez una sesión de Isabel Preysler, por lo que copiaremos su hierática postura y daremos por hecho que nuestro acompañante apreciará nuestro saber estar).
“No, cariño, que estoy muy cómoda… Con postura de no apretar glúteo contra superficie de madera por si se me escapa un gas y hago un concierto acústico”
Solo Isabel sabe mantenerse tan rígida sin parecer un totem. Face it!
El mayor drama, sin embargo, no es la postura a adoptar, sino qué pedir. Mentalmente descartas cualquier cosa que haya de ser cogida con las manos, así como los platos aliñados con ajo o salsas que arruinen el momento Smint. Da igual lo que hagas: es más que probable que tu macho elija una hamburgesa, que comerá como un orco hambriento, bien cargada de cebolla, asegurándote que ese primer beso sea un huracán de sabores
-Tienes unos ojos preciosos
-Tú un pepinillo entre los dientes
4. “¿Una copa?”
Oh, no. Este es el momento en el que pasará algo (si es que va a pasar). En las pelis el último beso se lo dan en la puerta de casa, pero si vives en un sitio parecido al mío, es mejor evitar pararte durante más de dos segundos ante la puerta para evitar que te rajen
Sabes que si Doisneau hubiera pasado ante tu primer beso nunca habría tomado esta imagen, por mucho que te empeñes, sino…

ESTA
No sabes si pedirte una caña (¿Muy masculino?), un Gin tonic (¿Muy Massiel?) o un Mojito (¿Soy un Pony?). Cuando consigues decidirte, él te dice algo y te das cuenta de que con la música no oyes nada, así que decides sonreir. Sí: hay un 85% de posibilidades de que él no te haya dicho una gracia, sino una pregunta, por lo que has quedado como una completa subnormal.
En su mente, a su pregunta “¿Qué te parece el bombardeo de (inserte aquí algún lugar cuyo nombre no sepa pronunciar)?” tú has respondido… ESTO

Para él ya eres una psicópata a la hora y media de cita. ¡En mi caso, lo habrían pensando a los 5 minutos!. ¡ENHORABUENA!
Estás inmersa en el síndrome de la conversación que nadie entiende. Conseguirás entender un par de palabras de sus frases (subordinadas, que este año te has propuesto no salir con analfabetos) y lo mismo le ocurrirá a él.
En realidad te ha contado que…
Trabaja en diversas multinacionales pero que su sueño es montar su propia empresa para salvar al mundo y al medioambiente.
Tú habrás entendido que…
Trabaja haciendo multilavados anales, que su sueño es montar a una tía con compresa para reírse del mundo y frecuentar bares de ambiente.
5. El beso
En el caso de que esta sea la primera cita, empezarás a notar como él se acerca “sutilmente” a tu cara. Mi consejo es que te lances rápido, porque desde fuera, ver a dos seres con las caras tan juntas resulta algo inquietante
Es más que probable que durante el beso, una de tus manos termine (¿por qué siempre hay una mano ahí?) a la altura de tu hombro, por lo que tengas que plegar la manita rollo Tony Leblanc Torrente durante el beso. Si no te ha tocado un sujeto lengueador en extremo, ni True Blood en demasía (“Perdona, te has llevado un trozo de mi labio”), enhorabuena: podéis ir a casa a continuar la faena

En serio, ¿por qué siempre hay una manita que plegar?
6. “¿Me acuesto con él la primera noche?”
Ah. El eterno retorno de Nietzsche se reduce a esta cuestión. “Si lo hago, pensará que soy una puta y no querrá una relación. Si no, nunca más me llamará porque pensará que soy una estrecha”. Va a pensar ambas cosas hagas lo que hagas, así que quítate las bragas. La norma para entender al hombre consiste en que no hay normas, querida. Da igual qué calculada actuación lleves a cabo: él va a percibir lo que le salga de los bajos. Esa mirada entre besos que interpretaste como una declaración de amor (“¡¡Pero me miró cuando nos besábamos!!!”, le contarás a tu amiga mientras lloras porque nunca te ha llamado de vuelta), era en realidad la mirada de “¿Me la chupas ya?”.
Tú: Mira, X me miró así, con cara de amor. Tenía un ojo entreabierto y se estaba lamiendo un labio. ¡Es obvio que está enamorado!
Amiga: Eh…
Nunca olvidemos que la primera víctima de la primera cita no es otra que tu amiga íntima, a la que cuentas cada detalle
Te vas a su casa, te das cuenta de que mi teoría sobre lo poco que dura la ropa interior puesta es cierta, y empieza EL TEMA. Aquí no entro porque me daría para demasiados posts y esto hay que tratarlo con calma. Vayamos al después.
7. El después
Quizás es de los que te abrazan después de. Intenta que no te coja de forma que pince tu nariz en su sudorosa axila, pues esta postura es harto incómoda amén de habitual. No interpretes este abrazo como amor, querida amiga. “Hasta los perros se ponen tristes después de eyacular” y los hombres buscan una almohada (con tetas) a la que aferrarse post-coitum.

No le preguntes “En qué piensas”, “te ha gustado” o “cómo decías que te llamabas”. Mi consejo, querida, es que vivas cada polvo como el último con ese hombre, porque con los tíos nunca se sabe.
Si te quedas a dormir, no te asustes si él no se duerme abrazado cual Koala. Si te abraza, no le des importancia. Entre sábanas, ningún gesto tiene significado. Los hombres se olvidan de convenciones (como cuando se recolocan el pito en tu cara, olvidando cualquier atisbo de educación, o abren las piernas dejando ver sus genitales en todo su esplendor cuando tu estás justo delante-¿acaso no sería genial levantarte y hacer El Mortadelo-?) cuando HA PASADO.
Hacer El Mortadelo. El éxtasis del humor
Pueden proponerte conocer a su familia, querer repetir contigo cada noche de su vida o pueden afirmar que jamás han estado con una mujer tan bella como tú. Lo dicen porque acaban de eyacular y su boca empieza a soltar tantas cosas como su pene hizo minutos atrás. Eso sí: esta regla, querida amiga, no es equivalente para ti. El macho sigue en guardia: si eres tú la que le dice frases como “me encantaría vernos otro día”, “a mi madre le harás gracia” o tan solo “Qué bonita almohada”, el hombre se creerá atado de por vida y te pondrá una orden de alejamiento.
Enhorabuena de todas formas: ¡tu cita ha ido genial!
