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Me río yo de las pandemias y atrocidades del planeta: ayer conocí LA TRAGEDIA cuando un error con las facturas desembocó en un incómodo día sin electricidad en casa. Me dirigía hacia el baño cual miembro de El Nombre de la Rosa, velita en mano y gesto contrariado en mi impoluto rostro, cuando me choqué contra una gran vela. La gente funcional las compra grandes e inoloras. Yo, rosas, muy cucas y con olor, a poder ser, de vainilla. Es decir: con las mías no se ve un cagao y la habitación termina oliendo no a vainilla, sino a cumpleaños, es decir: a vela apagada. Gracias a Dior, mis compañeros de piso se engloban en el primer grupoo. “Se la habrá dejado al venir a cagar”, pensé haciendo uso de su majestuosa vela (Nota: no es un eufemismo de felación).

Caminando hacia el baño, sigilosa cual Shakira

Sin embargo, tiempo después me dirigí a la cocina con mi velita aromática y se repitió el suceso: ALGUIEN había dejado ahí una gran velita para que cocináramos modo sexy. Ahí es donde descubrí que ellos son buenas personas y que han querido hacer la vida en el piso más fácil. Mi idea era recopilar todas las velas de mi habitación y hacer juegos de luces mientras que ellos se alumbraban con la luz de su móvil.

Pensaba organizar una fiesta con toda la corte mientras que ellos yacían en la oscuridad

¡¡Casi me sentí mal!!

Otra pista que indicó que no soy lo que se dice una buena persona emergió viendo Los Juegos del Hambre. Cuando la prota se hace amiga de una adorable negra de unos 7 años, susurré a mi acompañante un “¡Que la mateeeeeeeeeee y se la coma, malditos sentimientos!”. Coroné el comentario al salir de la sala y decirle al susodicho un: “Sabes que si hubieras estado conmigo en Los Juegos del Hambre te habría matado y comido al segundo, ¿verdad?”. “Lo sé”, respondió.

No solo soy un ser despreciable, sino que los que me rodean LO SABEN

- ¡Y tu chico?

-Eh… ni idea

En el colegio me gustaba jugar a burlar a la justicia imaginando cómo ocultaría un cadáver. “Lo despedazaría y lo echaría al fuego, sin duda”, pensaba mientras que el resto de la clase jugaba al pilla-pilla. Gracias a los programas de La Sexta, CSI y algún qué otro show de sucesos, ahora mismo podría exterminar a medio planeta sin dejar tras de mí prueba alguna. Algo difícil de creer teniendo en cuenta que no se levantarme de una silla sin tirar todo lo que tengo por delante, pero así es: la tele ha hecho de mi una ingeniosa asesina en potencia.

Instantánea de mi álbum familiar

1. Momento baño

Precioso despertar con tu churri acaramelado e incómodo ronroneo en el estómago. Sí: la llamada de la naturaleza te está pidiendo “poner sabor al caldo”. Te aproximas sigilosa a ese baño tan chic que esconde la taza del water a través de una mampara opaca que ofrece tu bella silueta sentada cual Confesiones de Carlos Carnicero versión escatológica. El protocolo de las parejas dicta que abras el grifo mientras ofreces tu silueta a través del cristal como si fueras Hitchcock. ¿Mi propuesta? Canta el Tamborilero bien alto y tira de la cadena cada cinco segundos o golpea de forma compulsiva y fuerte la papelera. Al terminar, dile que formas parte de los Mayumaná y que no puedes evitar dar golpes a todo. Refuerza tu coartada dando un golpe a la pared que haga sangrar tus nudillos y sonríe. Puntos extra si te dejas la falda metida por la parte trasera de tus bragas dejando restos del papel con el que te has limpiado colgando de ellas.

Aquí practicaba Sonia Monroy sus sensuales bailes para Esta noche cruzamos el Mississippi

Él sabrá apreciar tu jovial actitud ante cada situación. Carpe Diem en el baño: filosofía vital

2. Paluegos, pahora

Romántica cena. Velas encendidas. Mirada dulce clavada en tus ojos. Interior de tu mente “Sabes que tienes un trozo de lenguado entre las muelas, ¿verdad, dulcinea?”

La gente normal se sacaría el paluego parapetada por una servilleta. ¿Mi consejo? Contar un chiste sobre parálisis facial que escude el sensual movimiento de tu lengua sacando la materia prima de tus piezas dentales. Sonríe a tu acompañante y asegúrate de pedir al camarero un tupper para llevarte los restos que has recopilado de tu boca para comer mañana. Encantadora velada, querida

3. No te has depilado

Aunque el dicho sea “antes quedar de frígida que de cerda peluda”, te aconsejo coger un bolígrafo y pintarte unas gafitas sobre tu barbado pubis. Dile a tu caballero que estás apoyando a Rajoy y que te has pintado su cara en las ingles. Si el susodicho te dice que apliques su política de recortes a tu entrepierna, has dado con el gracioso de turno, reina. Apechuga con tu look George de la Jungla y dile un “donde hay pelo hay alegría” o “si hay césped, se juega el partido”. Si eres hábil, recorta ciertas partes y consigue que tu felpudo rece un “Bienvenido a la REPÚBICA independiente de mi casa”.

El Felpudo de la Cantudo

4. Te ha regalado algo digno de suicidio

Las convenciones sociales dictan que has de fingir que te gusta su regalo, pero mis convenciones son diferentes. Hacer como que te ha gustado su terrible regalo tiene el mismo resultado que fingir un orgasmo: que siga siempre por ese camino. Mi consejo (habla la experiencia de una mujer que recibió como presentes navideños un teclado para el ordenador, una bolsa de té y una almohada masajeadora de lumbares del Natura -no kidding-): montar un drama (yo me fui llorando a la cama como una niñata -que es lo que soy- haría). Gritar, llorar, tirar el regalo al suelo de forma sobreactuada y dar un golpe de melena mientras exclamas “Pero tú, ¿con quién coño te crees que estás”. Te recomiendo que metas sensualmente la mano en su bolsillo y saques de él su tarjeta de crédito.

5. Te huelen los pies

Te quitas tus botas de agua (Kate Moss las lleva en festivales de verano, querida, pero recuerda que ella lo hace en Inglaterra, no en la meseta española) y la habitación huele como el cuarto de Ratatouille. El protocolo diría que te disculparas y airearas la habitación. ¿Mi consejo? Pídele que traiga unas tostadas y haz como que las untas con tus olorosos pies. Si no aprecia tu humor, no es para ti. Para principiantes, os aconsejo que le echéis la culpa a él. “¡Vete al baño, cerdo, que hueles a cloaca!” Cuando el macho se vaya a lavar entre lágrimas, busca un desodorante en spray e impregna tus hediondos pies. Cuando vuelva, asegúrate de portar pizzas sobrelos objetos de estudio del Dr. Scholl para huir de la alargada sombra de la sospecha

6. Encuentro con un ex

Estás caminando con tu amorcito y te topas con tu ex. Muchos abogan por saludar con naturalidad y dar explicaciones tras el incómodo encuentro, pero yo solo vislumbro dos opciones.

a. Darle un tiro en la frente. Una condena por asesinato es más llevadera que las posteriores explicaciones a las que te verás obligado a dar después del cordial saludo

b. Acercarte a tu ex dando un breve resumen a gritos. “Este es mi ex y la polla le mide 17 cm, así haz cuentas” o “Este me la metía antes que tú”. Ambos apreciarán tu sinceridad y naturalidad

En su mente, querida, todo se reduce a lo mismo: no se planteará un “¿la trataba mejor que yo?” o “¿Le llevaría el desayuno a la cama mientras le susurraba lo mucho que la quería?”. NO. En su cabeza, todas las piezas del puzzle crean la misma imagen: la de su polla. Solo se preocupa por saber quién folla mejor o quién la tiene más grande, así que ahórrale dramas y dale las piezas que faltan

Habrá gente que piense que es imposible que yo consiga mantener a un hombre a mi lado más de dos días. Os equivocáis: todas las fotos que tengo con mis ex-amantes demuestran que ellos eran felices conmigo.

Las reglas del juego

Hoy trataré un tema espinoso, el de la regla, esa incómoda compañera que nunca viene cuando la necesitas y que llega a tus bragas tu vida cuando menos lo deseas. Citaré algunos casos en los que tu menstruación vendrá aunque no toque.

1. Llevas falda/vestido blanco

Las prendas de colores claros son a la regla lo que un capote rojo a un toro: un imán. Por supuesto, cuanto más ceñida sea la prenda, con más ahinco y alegría llegará la añorada menstruación.

Está pidiendo a gritos una visita sorpresa

Christina agradeció a los dioses encontrarse en un funeral e ir de negro, evitando así terminar con la falda del color de las suelas de sus Louboutin

2. Un viaje importante

Tras pasarte una semana planificando con más cautela que Bismarck tu inolvidable viaje para evitar las fechas en las que tu querida compañera tiene que venir…

“Pero, ¡si me tenía que venir en dos semanas!”, exclamas en el baño del avión mientras las lágrimas caen por tus mejillas a la misma velocidad que la true blood por tus muslos. Sí, querida: te vas a pasar el viaje con una guía en una mano y un tampón en la otra. Minipunto para la regla si, además, no llevas tampones “por si acaso” y te espera un largo vuelo. Así tendrás que establecer una forzada complicidad con todas las viajeras, a las que te aproximarás susurrando “¿Tienes un tampax?” cual drogadicta que busca perico. Minipuntoextra para la viajera si mientras te da un tampón de forma discreta (como quien pasa un gramo de coca, de mano a mano y con la mirada perdida -¡lástima que los fabricantes los hagan envueltos en colores flúor!-) te suelta un “Por cierto: se dice tampón. Lo del tampax implica metonimia”.

Una siempre sabe no reaccionar de forma desmesurada ante algún imprevisto

3. Una cita importante

Ah, uno de los momentos preferidos para ella. Arruinarte la noche sea como sea será su objetivo. ¿Su mejor y más cruel táctica? Hacerte pensar que no va a venir. Te pondrás felizmente tu vestidito, coquetearás con tu conquista y cuando vayas al baño segundos antes de abandonar el bar, tendrás ese incómodo hallazgo: ha venido, asegurándote una tensa conversación con tu cita (la regla se apunta un tanto si, encima, acabas de conocer al sujeto en cuestión) y una noche arruinada.

Un consejo: evita eufemismos. “Ha venido mi amiga”, “la marea roja ha llegado” o “me he puesto mala” (esta última opción puede provocar que tu interlocutor se crea un héroe durante segundos al creer que ese ibuprofeno que lleva en el bolso va a calmar lo que le has hecho creer es un mero malestar) son terribles ideas. Estas cosas, mejor decirlas a las bravas

4. Una visita al ginecólogo

Ella se adelantará con tal de llegar a la consulta con más ganas que una futura estudiante de medicina o una adicta a los medicamentos con receta. Hola, doctor. Hola, menstruación. ¡Ya estamos todos!

-”Léame los labios”

- “Eh… lleva carmín rojo en ellos, señorita”

5. Vas a sentarte sobre un sofá blanco

¿Recuerdas los cuadros de Pollock o de Malkevich? Pues eso

Pero ella, caprichosa, también se retrasa según le conviene. Las mujeres poco inteligentes, como yo, tendemos a mirar en google para descubrir a qué puede deberse este retraso (cuando en realidad, incauta, sabes perfectamente a qué puede deberse). Mala idea: terminarás en Yahoo respuestas, donde alguna iletrada te recomendará infusiones de canela, comer orégano, beber cerveza  y follar para provocar su llegada. Así que te verás metida en un mundo místico de canela, con más orégano encima que cualquier plato de los puestos italianos regentados por chinos de la calle Hortaleza, borracha cual Massiel follando con cualquier hombre con tal de que ella llegue. Bad news: no va a pasar

1. ¿He engordado?

Saben que es una pregunta trampa, por lo que nunca te dirán la verdad. Te lo harán saber mediante sutiles frases como “No sé si estoy penetrándote a ti o a una piñata rellena de picadillo”. ¿De verdad no tuviste bastante cuando te confundieron con el toro mecánico en las fiestas del pueblo? ¡Ponte a dieta y deja de hacer preguntas cuyas respuestas sabes que te van a hacer sufrir!

2. ¿En qué piensas?

El 90% de las veces la respuesta es “en nada”, y el 98% de las veces es verdad. El resto, están pensando “Por favor: que no me pregunte en qué estoy pensando, que ya está poniendo cara de intensa mientras me toca el pelo con mirada tierna”.

Lo que tú crees que está pasando…

Frente a lo que él está percibiendo

3. ¿Cómo quieres que lo hagamos?

Los hombres han visto demasiado porno, por lo que te estás exponiendo a una luxación segura. Ellos no entienden que ponerte tus tobillos dentrás de las orejas mientras  trotan sobre ti intentando agarrarte los glúteos tendrá un final feliz: el del sonido de la ambulancia

“Sabía que la postura Cisne Negro guardaba sorpresas”

4. ¿Estás viendo a otras?

Cariño… Sí, lo está haciendo. ¿Acaso no te has dado cuenta de que faltan 5 condones de esa cajita de 12 que comprasteis la semana pasada? ¿No ves que ese bote de lubricante está más vacío que sus testículos? La ignorancia da la felicidad. Fiarte de que solo está contigo, una ETS

“Amor, te juro que son las damas de honor…”

5. ¿Te parece que está buena mi amiga?

Mira, bonita: si lo preguntas es porque te parece que está buena incluso a ti. “Si hombre… esta chica rubita… ¡Es guapísima!”, le dirás creyéndote, por unos segundos, su colega. “¡Soy un genio! Ahora él cree que acepto que mire a otras y está asombrado por la seguridad que tengo en mí misma!”, piensas orgullosa. Plantear semejante cuestión es tirar piedras sobre tu propio tejado y empujarle a que se imagine un trío… en el que créeme: no estás. Participantes: tu amiga buenorra, él y su pene. Con suerte, habrás logrado que crea que te da igual que se tire a tu amiga y termines siendo una cornuda… Aunque muy segura de ti misma, reina.

En serio: una jugada maestra la tuya (siendo, obviamente, tú la de la izquierda).

6. ¿Te gustan los niños?

Esta pregunta solo la acepto si tu intención es saber si le va la pedofilia.

7. ¿Hablamos para quedar?

Si la respuesta es sí, no esperes que te llame. Un sí de un hombre tras fornicar tiene la misma credibilidad que Lucía Etxebarría anunciando las virtudes de un producto adelgazante. Este tipo de preguntas incómodas pocas veces tienen un no por respuesta, por lo que la mentira suele ser la mejor opción… A no ser que el chico te interese poco: entonces te llamará y te propondrá matrimonio a los dos días. La Ley de Murphy entre sábanas diría algo así como “las posibilidades de que un chico te llame cuando te dice que te va a llamar son inversamente proporcionales a lo mucho que te guste el muchacho en cuestión”

8. ¿Quedamos para hablar?

Otra jugada maestra. Le has facilitado mucho que cambie de número de teléfono, de residencia y de país. Queda, mujer, con cualquier excusa, y ya hablarás cuando el macho haya caído en tu trampa mortal y se encuentre a sí mismo en tu sofá, contigo llevando un jersey de cuello vuelto mientras pones las cartas sobre la mesa

Las cartas sobre la mesa. SIEMPRE

9. ¿Con cuántas has estado en tu vida?

Remover el pasado salpica más que la entrepierna de un tronista de Hombres, Mujeres y Viceversa. O te vas a sentir abrumada cuando su respuesta haga que la peli “los 300″ sea un número insuficiente, o te vas a ver a ti misma como una prostituta.

Tu chico ha visto más vaginas que Papuchi. Asúmelo

10. ¿Qué somos?

Tú, gilipollas. Preguntarle eso a un hombre implica su exilio inmediato. Limitate a interpretar sus dolorosos comentarios.

Interior. Noche. Llamada. “Hola X, aquí estoy, con una amiga”.

Sí, ha dicho AMIGA. Asúmelo

Interior. Noche. Llamada. “Hola X, estoy ocupado… *risa ahogada*”.

Eres su polvo y mañana le va a comentar al tal X cómo te ha empotrado contra el gotelé. Disfruta de lo que te queda de noche y llora mañana en un taxi mientras te suenas con las bragas (que, por supuesto, llevas en la mano) como hacemos las mujeres con dignidad.

Interior. Noche. Llamada. “Hola amor… Aquí estoy con unos colegas”

Enhorabuena, ¡eres LA OTRA!

11. ¿Estás dentro ya?

Pues eso

1. Decisiones frente al espejo.

“¿Qué me pongo?”, le preguntas a tus inertes perchas, que se mecen mirándote con desasosiego. Estarás horas pensando si esa falda te hace parecer una pequeña putita (si la respuesta es sí, en mi caso, esa es la elección) y luego te empeñarás en elegir un conjunto de ropa interior sexy “por si la cosa va a más”. Me temo que tan solo en un 3% de los casos logras quedarte con el conjunto puesto durante un rato, porque amiga: en el momento en el que se va la camiseta, tu sujetador seguirá la estela y terminará en el suelo. Adiós conjunto, hola bragas rosas sin sentido. Asúmelo: no vas a hacer un desfile de Victoria´Secret, así que simplemente asegúrate de que las prendas no tengan agujeros (a no ser que se trate de un elegante agujero que facilite la penetración).

Se puede ser sexy con ropa interior que no conjunte, fuck yeah

¡Elegantísima elección, querida!

2. ¿Cómo le saludo?

Este es el mayor temor si te encuentras en la cita post día beso/polvo. ¿Se saluda con un pico (“¿Se va a agobiar al pensar que somos novios?”), con dos besos (“¿Le estoy mandando la errónea señal de que solo somos amigos?”), moviendo la cabeza (“¿Soy Pitbull?”) o sacando una paloma del escote?

Como habréis adivinado, mi preferida es la última opción, pero yo abogo por dejar que sea el macho el que lleve la iniciativa. Acusadme de medieval, pero no hay nada peor que lanzarte a dar un pico y que te pongan la mejilla. Si te hacen “la culebra del saludo”, has arruinado tu cita a los dos segundos de empezarla. ¡Enhorabuena!

Cuidado con los picos: si te gustan los hombres tan esmirriados como a mí, es posible que su idea de pico implique jeringuillas

3. Momento cena

Ojalá fuéramos perros pulgosos a los que les da igual compartir un espaguetti de la boca, pero no: nuestra condición de humanos nos hace pedir cada uno su platito y rezar para que las clases de protocolo y mecenazgo den sus frutos (esas clases se limitan a haber visto en el Hola alguna vez una sesión de Isabel Preysler, por lo que copiaremos su hierática postura y daremos por hecho que nuestro acompañante apreciará nuestro saber estar).

“No, cariño, que estoy muy cómoda… Con postura de no apretar glúteo contra superficie de madera por si se me escapa un gas y hago un concierto acústico”

Solo Isabel sabe mantenerse tan rígida sin parecer un totem. Face it!

El mayor drama, sin embargo, no es la postura a adoptar, sino qué pedir. Mentalmente descartas cualquier cosa que haya de ser cogida con las manos, así como los platos aliñados con ajo o salsas que arruinen el momento Smint. Da igual lo que hagas: es más que probable que tu macho elija una hamburgesa, que comerá como un orco hambriento, bien cargada de cebolla, asegurándote que ese primer beso sea un huracán de sabores

-Tienes unos ojos preciosos

-Tú un pepinillo entre los dientes

4. “¿Una copa?”

Oh, no. Este es el momento en el que pasará algo (si es que va a pasar). En las pelis el último beso se lo dan en la puerta de casa, pero si vives en un sitio parecido al mío, es mejor evitar pararte durante más de dos segundos ante la puerta para evitar que te rajen

Sabes que si Doisneau hubiera pasado ante tu primer beso nunca habría tomado esta imagen, por mucho que te empeñes, sino…

ESTA

No sabes si pedirte una caña (¿Muy masculino?), un Gin tonic (¿Muy Massiel?) o un Mojito (¿Soy un Pony?). Cuando consigues decidirte, él te dice algo y te das cuenta de que con la música no oyes nada, así que decides sonreir. Sí: hay un 85% de posibilidades de que él no te haya dicho una gracia, sino una pregunta, por lo que has quedado como una completa subnormal.

En su mente, a su pregunta “¿Qué te parece el bombardeo de (inserte aquí algún lugar cuyo nombre no sepa pronunciar)?” tú has respondido… ESTO

Para él ya eres una psicópata a la hora y media de cita. ¡En mi caso, lo habrían pensando a los 5 minutos!. ¡ENHORABUENA!

Estás inmersa en el síndrome de la conversación que nadie entiende. Conseguirás entender un par de palabras de sus frases (subordinadas, que este año te has propuesto no salir con analfabetos) y lo mismo le ocurrirá a él.

En realidad te ha contado que…

Trabaja en diversas multinacionales pero que su sueño es montar su propia empresa para salvar al mundo y al medioambiente.

Tú habrás entendido que…

Trabaja haciendo multilavados anales, que su sueño es montar a una tía con compresa para reírse del mundo y frecuentar bares de ambiente.

5. El beso

En el caso de que esta sea la primera cita, empezarás a notar como él se acerca “sutilmente” a tu cara. Mi consejo es que te lances rápido, porque desde fuera, ver a dos seres con las caras tan juntas resulta algo inquietante

Es más que probable que durante el beso, una de tus manos termine (¿por qué siempre hay una mano ahí?) a la altura de tu hombro, por lo que tengas que plegar la manita rollo Tony Leblanc Torrente durante el beso. Si no te ha tocado un sujeto lengueador en extremo, ni True Blood en demasía (“Perdona, te has llevado un trozo de mi labio”), enhorabuena: podéis ir a casa a continuar la faena

En serio, ¿por qué siempre hay una manita que plegar?

6. “¿Me acuesto con él la primera noche?”

Ah. El eterno retorno de Nietzsche se reduce a esta cuestión. “Si lo hago, pensará que soy una puta y no querrá una relación. Si no, nunca más me llamará porque pensará que soy una estrecha”. Va a pensar ambas cosas hagas lo que hagas, así que quítate las bragas. La norma para entender al hombre consiste en que no hay normas, querida. Da igual qué calculada actuación lleves a cabo: él va a percibir lo que le salga de los bajos. Esa mirada entre besos que interpretaste como una declaración de amor (“¡¡Pero me miró cuando nos besábamos!!!”, le contarás a tu amiga mientras lloras porque nunca te ha llamado de vuelta), era en realidad la mirada de “¿Me la chupas ya?”.

Tú: Mira, X me miró así, con cara de amor. Tenía un ojo entreabierto y se estaba lamiendo un labio. ¡Es obvio que está enamorado!

Amiga: Eh…

Nunca olvidemos que la primera víctima de la primera cita no es otra que tu amiga íntima, a la que cuentas cada detalle

Te vas a su casa, te das cuenta de que mi teoría sobre lo poco que dura la ropa interior puesta es cierta, y empieza EL TEMA. Aquí no entro porque me daría para demasiados posts y esto hay que tratarlo con calma. Vayamos al después.

7. El después

Quizás es de los que te abrazan después de. Intenta que no te coja de forma que pince tu nariz en su sudorosa axila, pues esta postura es harto incómoda amén de habitual. No interpretes este abrazo como amor, querida amiga. “Hasta los perros se ponen tristes después de eyacular” y los hombres buscan una almohada (con tetas) a la que aferrarse post-coitum.

No le preguntes “En qué piensas”, “te ha gustado” o “cómo decías que te llamabas”. Mi consejo, querida, es que vivas cada polvo como el último con ese hombre, porque con los tíos nunca se sabe.

Si te quedas a dormir, no te asustes si él no se duerme abrazado cual Koala. Si te abraza, no le des importancia. Entre sábanas, ningún gesto tiene significado. Los hombres se olvidan de convenciones (como cuando se recolocan el pito en tu cara, olvidando cualquier atisbo de educación,  o abren las piernas dejando ver sus genitales en todo su esplendor cuando tu estás justo delante-¿acaso no sería genial levantarte y hacer El Mortadelo-?) cuando HA PASADO.

Hacer El Mortadelo. El éxtasis del humor

Pueden proponerte conocer a su familia, querer repetir contigo cada noche de su vida o pueden afirmar que jamás han estado con una mujer tan bella como tú. Lo dicen porque acaban de eyacular y su boca empieza a soltar tantas cosas como su pene hizo minutos atrás. Eso sí: esta regla, querida amiga, no es equivalente para ti. El macho sigue en guardia: si eres tú la que le dice frases como “me encantaría vernos otro día”, “a mi madre le harás gracia” o tan solo “Qué bonita almohada”, el hombre se creerá atado de por vida y te pondrá una orden de alejamiento.

Enhorabuena de todas formas: ¡tu cita ha ido genial!

1. El pelo de Hilario Pino

Hilarito ha decidido dejar el Reforma Sorpresa de Nuria Roca como una mera anécdota y se ha plantado una ardilla en la cabeza.

2. La muerte de Amy Winehouse

Hay cosas que se ven venir: la llegada de la menstruación a la vida de Falete, el desgarro de recto de Mariano Rajoy y la muerte de Amy.

Un clásico de los tejados: los gatos, Papá Noel reptando para entrar por la chimenea y unos pezones

3. El divorcio de Demi y Ashton

Igual fue por hacerse fotos tipo Sexy o No… Aunque al menos, Demi tira de la cadena…

4. Tom Cruise logra ser más alto que un presentador de televisión

Los machos echan a suertes en qué equipo jugarán en el futbolín

5. Scarlett enseña el culo

… y ni haciéndose fotos guarras puede evitar poner cara de intelectual intensa.

6. Antonio Canales demuestra que lo suyo son los culos… Y bucear en los bañadores ajenos en plena velada familiar en una playita abarrotada.

“Porrompomperoooo porrón, porrompo porrompomperooooooo porróoooon”

7. Alejandro Sanz la lía en Twitter

“Que mania tenemos de juzgar antes de que lo hagan los jueces…Marta es inocente hasta que un juez diga lo contrario”. Confundir a Marta del Castillo con Marta exDopínguez me parece un hito. Pisando fuerte, Alex

Alejandro es inmortalizado segundos antes de intentar comerse el reloj del fondo al creer que se encontraba en un restaurante japonés. Los palillos crearon confusión en el avispado cantante, que exclamó, ya en la ambulancia (tras ingerir el reloj): “¡Yo creo que el pescado del makish ese estaba malo!”

8. La portada de Terelu

Desde la sección cárnica del Lydl no había visto cosa tan estremecedora.

Y eso que ya la teníamos MUY vista…

9. El reality de Mario y Alaska

Un éxito: Alaska relegada a la mariliendre con inquietudes intelectuales y Mario convertido en una locaza encantadora. Por cierto…

Decidme que no es igual que la modelo Jamie Bocher


10. El fracaso de Google+ hace que mis conquistas amorosas parezcan un éxito.

11. Marco Aldani se convierte en una discoteca.

Vale: sus neones azules y el hecho de que abra hasta bien entrada la noche, hacían de la peluquería una rave, pero ver a los hipsters tomar copas en marco Aldani es too much

“Vengo a meterme un par de rayas y a cortarme las puntas”

12. Galliano la lía parda

Se ha erigido como un digno contertulio de El Gato al Agua. Le echan de Dior, le intentan desintoxicar y aparece en El Rastro haciéndose fotos con Paco León. ¿Le ficharán para Aída?

Podría ser parte de Hombres, Mujeres y Viceversa o un jugador del Tozudo

La época del año que más asco me da, junto con mi cumpleaños, la etapa de las comuniones, el periodo de vuelta al cole, el mes de julio y su calor infernal, San Valentín, El Día del Niño Vietnamita adoptado… Vale, de acuerdo, reformulo: odio cualquier día y hora del año, pero muy especialmente, detesto la Navidad.

En especial estas 7 cosas:
1. Los renos. Imposible andar por Gran Vía sin ver a miles de señores de avanzada edad con un reno en la cabeza. Gracias a mi ex, llevo los cuernos todo el año, y dado mi frágil sistema inmunológico, tengo cien catarros a la semana, por lo que la afamada nariz roja de Rudolf es perpetua en mí. Conclusión: no me gusta que me lo recuerden a cada paso mientras ellos se creen renos felices. Os cortaría los cuernos y los pondría de columnas en mi salón…

… Ah no, que vivo en un estudio. MI VIDA ES UNA MIERDA

Os metía un cuerno por delante, y el otro por detrás. Plis plas

2. Los niños. En Navidad les quitan las correas y les sueltan por las calles. La gente pare solo a comienzos de diciembre y luego se deshace de los críos, y esta teoría es la única que explica la ingente cantidad de infantes que toman las calles. Encima, llaman a tu puerta, cantan un infame Villancico y se creen con derecho a pedirte dinero. Cuando yo llamo a la puerta de un desconocido, hago cosas mucho más agotadoras y nadie me paga un duro. MI VIDA ES UNA MIERDA Y NO SOY PUTA. Jo…

¿Abrirías la puerta a estos niños cantores?

3. Los Belenes. Un escenario cochambroso en el que Lars von Trier podría dirigir perfectamente Dogville 6, en el que hay un bebé cuya madre es virgen. Un momento: ¿de verdad soy yo la única que ve una enorme paradoja en todo esto?
Luego están los Reyes Magos, que traen tres regalos que no llego a entender: INCIENSO (¿Qué es esto? ¿Lavapiés?), MIRRA (¿Estamos en el Natura?) y ORO (Pero, ¿no te das cuenta que estás haciendo que tus dos amigos queden fatal cuando tú regalas oro y ellos traen semejantes mierdas?).
Podría seguir, pero mi falta de educación cristiana (o de educación, a secas) hace que desconozca qué extras componen el Belén, así que me he tenido que informar en google y me he encontrado con que Belén quiere decir “Casa del Pan”. Aquí me retiro. Ahora resulta que Le Pain Quotidien es un lugar religioso… Yo no me entero de nada. MI VIDA ES UNA MIERDA Y YA NO PUEDO NI COMPRAR PAN TRANQUILA

4. El árbol de Navidad. Intentad meter un abetito en mi casa. En serio: intentadlo. No es solo que mi hogar mida dos metros, es que encima, NO HABRÍA REGALOS debajo del pinar. MI VIDA ES UNA MIERDA Y NO CABE NI UN ARBOLITO EN MI SALÓN. Ah no, que vivo en un estudio… (bis)

Así podría tener mi propio arbolico en casa. Encantador

5. Papa Noel. Si tuviera chimenea, dejaría el fuego encendido 24 horas solo para verle arder. Un tío que se ríe constantemente (joo jooo jooou feliz navidadddd) solo da rienda suelta a mi espíritu esquizofrénico: se ríe de mí. Y TÚ TAMBIÉN. MI VIDA ES UNA MIERDA Y TODOS ME VIGILAN

6. Los muñecos de jengibre. ¿Por qué nos parece tan dulce un hombrecito que nació de un cuento que narra la historia de un panecillo que escapó del horno para terminar siendo DEVORADO POR UN ZORRO? La única gracia que le veo es que cuando me encuentro con una mujer comiendo una galletita, si exclamo “¡Vaya zorra!”, me puedo escudar en la literatura y el folclore. MI VIDA ES UNA MIERDA Y HASTA LA REPOSTERÍA TERMINA EN DRAMA

7. La Cabalgata. No sé si siguen pintando con betún a Baltasar, pero este año casi se ve en los tribunales por tirar un caramelo con demasiado ímpetu sobre los asistentes. Me encanta que el juez haya alegado que “hace más de 2.000 años que no se resuelve la polémica en torno a su verdadero país de origen”. MI VIDA ES UNA MIERDA Y LOS REYES MAGOS SON COMO LOS REYES: INMUNES ANTE LA LEY

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